Sí, abrelos. Porque todo lo que sucede y debe de suceder se encuentra ya fuera de ti.

Recuerdo la famosa película del mismo nombre protagonizada por Tom Cruise. Abre los ojos. O los oídos, que también están para estar abiertos.

Voy caminando, esto es real, por la calle después de aparcar mi coche y me vengo preguntando cosas acerca de qué hacer con mi vida y de que me sentiría mucho más a gusto siendo esto o lo otro. Pensando que la imagen que tengo de mi mismo es una en concreto y que no es exactamente lo que vivo ahora.

A lo lejos, veo a dos señoras hablando en la calle. Escena muy común en Madrid, donde dos personas que se encuentran y conocen es verdaderamente fácil que entablen conversación acerca de cualquier cosa.

Conforme me acerco sus voces se hacen más presentes, pero no alcanzo todavía a distinguir de qué hablan. Al pasar junto a ellas una, la más dominante, le dice a la otra en voz alta y evidentemente perceptible por cualquiera que pasase por allí, solo que el único era yo:

“Dios pone a cada quien en su lugar. No se preocupe”.

Y siguen hablando, como si tal cosa. Como si no acabase de decir una verdad fundamental, un principio del Universo, una ley cósmica. Como si acabase de decir algo tan superficial como “me apetece una cervecita”.

Pero es que ha dicho algo enorme, que Dios pone a cada quien en su lugar. Que no es asunto menor, caramba.

Y tal vez, para quien recibe la frase no represente mucho consuelo, pero para mi fue una respuesta.

Y, en general, creo firmemente que las preguntas que tenemos ya tienen respuesta. En el Universo, en la vida, en lo que hacemos, por donde vamos.

Solo abre los ojos, y los oídos, y te darás cuenta de que lo que buscas ya está contigo.

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