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“Gestión es hacer las cosas bien; liderazgo es hacer las cosas correctas”, Peter Drucker

“Las comparaciones son odiosas” era una frase que solía repetirme mi madre desde que era pequeño. En mi opinión, son odiosas ciertamente si solo sirven para destruir y ofender, pero resultan tremendamente constructivas si de ellas, objetivamente si es posible, obtenemos una buena idea de en qué mejorar. Y sí, en algo muy concreto un país supera a otro, mostrando claramente un camino de mejora. Y ese país es…

Mi vida, para nadie que me conozca es un secreto, ha transcurrido entre dos países: México y España. Y mi mundo profesional ha estado circunscrito a las empresas de ambos países, dada mi profesión de consultor de empresas.

Llevo haciendo consultoría empresarial casi 33 años (cumplo 33 de hecho el 22 de junio del 2018) y me creo, aunque siempre admitiendo que puedo equivocarme, que puedo entender las diferencias esenciales entre ambos países en el ámbito empresarial. También, gracias a mis conocimientos en desarrollo humano y cultura, puedo diferenciar entre una cultura laboral española y la mexicana.

¿Quién gana?

Sí, ya sé. Me vas a preguntar que cuál es mejor.

Pues no es el propósito del artículo. Como en todo lo que se compara, algunas cosas son mejores en España y otras en México. Lo importante son los números globales, los indicadores generales del país. Y también como siempre, las circunstancias que rodean los resultados son siempre diferentes y por lo tanto dificultan una comparación objetiva.

Por ejemplo, España tuvo un crecimiento en el 2017 del 3,3% (3.3% para los mexicanos) mientras que México tuvo un crecimiento de 2,1% (2.1% para los mexicanos). Haciendo una comparación simple que considerase los enormes recursos naturales de los mexicanos en comparación con los españoles, un crecimiento tan pequeño de México se antoja inaceptable.

Pero de nuevo, cada país tiene sus retos. De manera clara, sin embargo, aspectos como la sanidad y educación pública, el estado de derecho o las prestaciones sociales son notoriamente superiores en Europa que en cualquier país de Latinoamérica, sin que esto quiera decir que vivir en Europa es la reproducción del paraíso terrenal en este mundo.

Pero esto es ahora, principios del 2018. Pensemos a futuro y es aquí donde yo me siento más optimista.

Y es que una diferencia notable entre las empresas españolas y las mexicanas es el trato a la gente y al cliente. Para muchas empresas mexicanas los trabajadores que colaboran en las mismas son muy importantes y han invertido en numerosos programas internos de desarrollo personal, formación y de planes de carrera.

El puesto de Director de Recursos Humanos es común en cualquier organización mexicana, mientras que en España apenas existen personas con este cargo. Y si las hay, su función es netamente administrativa. A saber: nóminas, seguridad social, bajas, altas, formación subvencionada, etc. Nada relacionado con el crecimiento de la gente, un mejor desempeño o un mejor ambiente de trabajo.

“Ninguna empresa puede ser mejor o peor que las personas que la integran”, Ichikawa, experto en Calidad famoso por su diagrama “de pez”.

Un consultor que venda servicios relacionados con clima laboral y esas cosas puede llegar a pasar hambre en España. Aquí, se habla mucho de Inteligencia Emocional y Coaching, pero es solamente para parecer que están al día en esos conceptos.

Voy a insistir: se habla, solamente se habla. A la hora de aplicarlos o no se sabe bien para qué sirven o no se encuentra el tiempo para hacerlo. Conozco muchos empresarios españoles que opinan abiertamente que estos conceptos son una absoluta pérdida de tiempo.

Y no se trata tampoco de que los cursos sean complicados de tomar o caros. Mi curso de Inteligencia Emocional es online y muy asequible para cualquier bolsillo.

El otro día le preguntaba yo a un Director Comercial acerca de qué otros trabajos pudieran estar haciendo unos vendedores que trabajan para él y que no son empleados de la firma, es decir, lo que se conoce como “freelance”. Mi pregunta tenía que ver con los conflictos que pudieran existir entre las diversas ocupaciones. Su respuesta natural fue genial: “No sé, no me meto en la vida de las personas que trabajan conmigo. Solo les paso las citas y el resto es cosa de ellos”.

Esta respuesta es muy representativa de lo que las personas representan en España para las organizaciones. Son recursos, nada más y nada menos. Y como tales, son perfectamente sustituibles por cualquiera que tenga la misma cualificación técnica. O más joven, que también cuenta.

El odio entre jefes y subordinados es endémico en España porque lo que importa es que cada uno haga su trabajo y el resto es irrelevante.

En España no se trabaja en cultura organizacional. En México no trabajar en cultura es impensable. Los empresarios mexicanos saben que los empleados leales y contentos trabajan mejor y atienden mejor a los clientes. Como expresaba Peter Drucker en la cita de inicio, hacer las cosas correctas es exactamente lo que se logra cuando se trabaja en cultura.

He llegado a empresas mexicanas en las que los empleados me han comentado que tenían años sin un entrenamiento como el que yo les iba a impartir. Desde luego y bajo cualquier criterio, esto está mal, si un empresario espera lo mejor de sus empleados. En contraste, he llegado a empresas españolas en las que la sola pregunta les deja perplejos. Las empresas españolas no entrenan a la gente porque estos deben de llegar ya entrenados.

Y, en todo caso, la formación va a ser estrictamente técnica y en lo absoluto humana. Nada que tenga que ver con “cultura”, esa extraña palabra que en España se interpreta únicamente como “acervo de conocimientos”.

“Pero ¿y qué importa todo esto? ¿Qué importa si no hay formación en desarrollo humano? Eso no hace que el tornero sea mejor tornero”, pudieras estar pensando en este momento y estarías tremendamente equivocado. De nuevo, hacer las cosas correctas es siempre superior a simplemente hacerlas bien.

Verás. Para los mexicanos, por ejemplo, es difícil competir en igualdad de condiciones con un empresario europeo o español que compra su maquinaria con una subvención del estado o con un crédito con unos intereses inmensamente inferiores a los que puede conseguir cualquier mexicano emprendedor.

Pero en igualdad de condiciones (mismos sueldos, mismos costes financieros, mismos impuestos, mismos trámites administrativos, misma corrupción) la cultura organizacional, la actitud, las habilidades blandas son las que crean la ventaja competitiva. El servicio y la atención al cliente es lo que hace que en México el cliente regrese y te recomiende. En España lo que hace que el cliente regrese es normalmente el precio porque encontrar una atención especial es tan complicado como resolver un rompecabezas de mil piezas en media hora.

¿Usted cree que yo no tengo vida?

Recuerdo haber escuchado a la cajera de un supermercado que atendía a un cliente fuera ya de la hora de cierre y quedarme perplejo de la regañada que se llevó el susodicho cliente: “¿Usted cree que yo no tengo vida? Haga el favor de venir más temprano. La próxima vez no le atiendo.”

Parece que en España no se entiende la diferencia en desempeño entre un empleado entrenado y motivado y un empleado simplemente entrenado. La experiencia demuestra una y otra vez que la motivación o las habilidades emocionales cuentan desde un 74 hasta un 96% en el desempeño final, mientras que las cualificaciones técnicas, indispensables para ciertas tareas, no resultan nunca tan importantes.

Vamos, que una persona que no comparte la cultura de la empresa no puede rendir tan bien como alguien que sí lo hace. Un ejemplo del mundo del deporte. En España, en el FC Barcelona en concreto, juega un extraordinario defensa central llamado Piqué.

Este gran jugador juega también, desde hace años, en la selección española de fútbol. Con él en el equipo, España llegó a conquistar la copa del mundo. Sin embargo, si bien no se ha expresado abiertamente por la independencia de Cataluña, sí ha expresado abiertamente su más que simpatía hacia esta idea y que su sentir es de catalán, no español.

Es cierto que en palabras suyas ha dicho literalmente que es español, en alguna escasa entrevista, pero en general es plenamente identificado como independentista. Esto es de lo más respetable y hasta aquí nada que decir de Piqué.

Pero es un gran ejemplo de cómo en España la cultura, el sentirse orgulloso de la camiseta, el sentido de pertenencia, no son importantes en lo más mínimo. Piqué juega y seguirá jugando en la selección porque nadie lo puede sustituir. Es como alguien amante de Pepsi trabajando en Coca-Cola. Puede ser muy profesional pero siempre le va a faltar esa chispa, ya sabes cuál.

Y a lo mejor, que Piqué es insustituible es cierto en términos técnicos o futbolísticos. Pero lo que sí tengo por seguro es que si bien Piqué siempre ha jugado bien, jugaría todavía mucho mejor si su sentir fuese del color de la camiseta que viste en la selección. Él cree que esto, jugar mejor, es imposible y, por lo visto, los que lo contratan también.

Lo sé porque en mi vida he visto a muchas personas pobremente entrenadas, por el motivo que sea, desempeñarse con maestría gracias a una actitud de excelencia y de invencibilidad, por estar plenamente identificados con la empresa para la que trabajaban. Y los he visto en México mucho más que en España.

Tal vez en España descubran que las personas que trabajan en la organización son tan importantes como los directivos o la misma empresa y empiecen, en algún momento, a trabajar en desarrollar sus habilidades emocionales para distinguirse de una competencia cada vez más feroz en el mundo. Tal vez descubran que las personas son lo más importante de todo, más que los beneficios, de hecho.

Para cuando lo hagan, si es que sucede, las empresas mexicanas les llevarán varios años o decenios de ventaja. México tiene que trabajar en muchos aspectos internos, y lo hará con seguridad, que una vez superados dotarán a México de una ventaja insuperable en el mundo. Es por ello que los expertos consideran a México un país enormemente prometedor a mediano y largo plazo.

Cuando se pone a las personas en el centro de nuestros corazones, con el espíritu de solidaridad que representa a la mayoría de los mexicanos, grandes cosas se pueden lograr. Ya sé que todo es una promesa de momento, pero así empiezan las grandes historias.

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