¿Cómo saber qué tan poderoso eres? ¿Cómo descubrir tu nivel de habilidad para la vida? La pregunta no es baladí, puesto que el saberlo nos permitiría comprometernos a cosas que sí podemos lograr y evitar comprometernos a aquellas que no.

¿Cómo saber de qué somos capaces? Existe una respuesta a esta pregunta, pero antes de proponerte la respuesta que yo considero adecuada, permíteme que te cuente una historia personal y que seguramente no imaginas.En el año 2011 yo, nosotros, teníamos un negocio de consultoría y formación en México en el que usábamos la mayor parte de nuestro tiempo mi esposa y yo. Nuestro pequeño, en ese momento, negocio tenía clientes en varias partes del mundo e impartíamos cursos a los que acudían cada vez más personas.

Adicionalmente, yo era reconocido como un ponente de prestigio a quien se le invitaba a congresos y eventos a impartir alguna que otra conferencia, inclusive a nivel internacional. Fue en esa época en la que senté las bases de la aplicación de la Programación Neurolingüística a las empresas y a las personas. Mi contribución al mundo de la PNL era limitado en cuanto a reconocimiento, ciertamente, pero verdadero y extenso.

Desde hacía unos 10 años ya venía publicando una revista electrónica, NeuroNews, que se le enviaba por correo electrónico a más de 15,000 personas de más de 30 países del mundo. Mis artículos eran mencionados en ciertas publicaciones especializadas en Internet y llegué a colaborar con Televisa en su página web publicando artículos.

Como consultor también gozaba de cierto prestigio y, desde 1998 en que abrí la empresa de consultoría, había estado ininterrumpidamente teniendo clientes que me daban la oportunidad de aplicar los conocimientos que había desarrollado en ese campo por más de 20 años.

Además, como formador, tenía en ese momento clientes muy valiosos, como Nestlé, Posadas, BBVA Bancomer y muchos más, que con cierta frecuencia me contrataban para impartir alguno de los cursos que yo había creado por lo que tenían un contenido único. Entre ellos, los más famosos llegaron a ser el de Comunicación Asertiva y el de Equipos de Trabajo.

Siempre supe que los clientes iban y venían, que no serían eternos. Pero a uno grande a quien se le acababa el ciclo, le sustituía otra grande que lo iniciaba. El ciclo de la vida.

Nuestra vida, no exenta de problemas ni mucho menos, transcurría con un cierto nivel de seguridad y desarrollo, cómoda y divertida, con un nivel de estrés que, pensaba yo, se podía manejar bien.

Pero algo me hizo sentirme inquieto. Recuerdo habérselo contado a mis alumnos más cercanos en un seminario que llamé “El Poder”. Les dije que algo de lo que había estado estudiando últimamente me había abierto los ojos pero que no podría explicárselo porque solo viviéndolo podrían darse cuenta de qué había experimentado.

Dos meses después nos habíamos mudado a vivir a España.

Nunca imaginé que…

Nunca imaginé lo que vendría a continuación.

Yo enseñaba a mis alumnos a controlar sus vidas emocional, financiera y personalmente. Conocí a muchas personas de historias atroces, mucho más complicadas que la mía, de dificultades para salir adelante enormemente desafiantes pero absolutamente ausentes en mi vida.

Conocí historias admirables, esperanzadoras, motivadoras, encantadoras. Pero nada que yo hubiera vivido. ¿Cómo decirle a alguien que había quebrado económicamente que podría rehacer su vida si yo nunca había pasado por algo similar? Sabía la teoría, sin duda, pero no había tenido la oportunidad de ponerla en práctica.

Ciertamente mi historia personal representaba a alguien que de la nada económica había conseguido una vida cómoda y próspera en unos cuantos años. La verdad es que trabajé mucho pero también tuve mucha suerte.

Identifiqué que había llegado a un límite de crecimiento en mi vida personal y financiera y decidí eliminar el límite para seguir creciendo. Entendí, en base a lo que yo había aprendido, que el límite de crecimiento era yo mismo. Así que decidí cambiar. Me.

Cree un curso que se llama Reingeniería del Ego, con una tecnología que enseñaba los pasos a seguir para lograr un cambio personal transcendental, profundo y no superficial, y en poco tiempo.

El caso es que nos fuimos a vivir a España (mi esposa siempre estuvo de acuerdo y fue la más entusiasta de la idea), me apliqué el curso y, en unos cuantos años, perdimos todo lo que teníamos. Me gustaría decir que tal y como estaba planeado, pero no fue exactamente así.

La vida nos fue dando una sorpresa tras otra, cerrando una puerta tras otras, apagando una vela tras otra. Nuestra casa de México se la habíamos alquilado a una norteamericana que, en el peor de los momentos, decidió dejar de pagarnos el alquiler, lo que nos ponía a nosotros en un grave predicamento al necesitar ese dinero para pagar a su vez el alquiler que teníamos comprometido para nuestra vivienda de Madrid.

Recuerdo que, en nuestra desesperación, le pedí por favor a un antiguo cliente que yo consideraba amigo que me diera trabajo de vendedor de su empresa en España. Le escribí sabiendo que realmente podría serle útil. Conocía muy bien su empresa y productos y él necesitaba, yo lo sabía, de alguien de confianza en este lado del atlántico.

Como siempre, le fui sincero y le dije que realmente necesitaba el trabajo pero que lo más importante es que yo creía que podría resolver el problema que esta empresa tenía hasta esa fecha y era que las exportaciones a Europa estaban siendo totalmente descuidadas. Nunca tuve respuesta y, por amigos, sé que sí recibió mi mensaje. Parece que nadie quiere a los que les va mal.

Muchos de mis alumnos me habían contado historias parecidas y ahora yo lo estaba viviendo.

Toda esa buena suerte que yo había tenido en los primeros 40 años de mi vida profesional ahora se había convertido en mala suerte.

Pero volvamos a la pregunta inicial: cómo sabes que eres inmortal.

Hace tres noches me despertó esta pregunta. Y me llegó la respuesta: muriendo.

Sabes que eres inmortal si te atreves a morir.

Sin llegar a estos extremos (no es algo que tenga ganas de poner a prueba ahora mismo), me di cuenta de que sólo sabemos de qué somos capaces hasta que nos ponemos a prueba. Nos pasamos la vida tratando de no tener problemas ni pruebas cuando son estas las que nos dan el verdadero autoconocimiento.

No te recomiendo hacer lo que yo hice, pero si te recomiendo aceptar todo lo que la vida te envíe. Como decía Nietzsche, lo que no mata al hombre le hace más fuerte. Ahora ya lo sé yo también.

Cuando tengas una situación complicada, tranquilo/a. Pasará. Y cuando lo haga, que lo hará porque no hay dos noches seguidas, serás más fuerte.

Mi nuevo yo, el resultado de mi reingeniería, está trabajando intensamente en su nuevo y prometedor Grupo Neurosoft. En el último año hemos sido capaces de crear un operativo centro de formación online en el que ya tenemos 12 cursos de desarrollo personal preparados y otros más están ya en proceso. Hemos contratado empresas expertas en promoción internacional y ya tenemos clientes en muchos países del mundo.

En la actualidad tenemos deudas hasta el cuello, seguimos experimentando mucha presión financiera y nuestra sinvergüenza inquilina sigue sin pagarnos y sin dejar la casa. Pero nada nos puede ya quitar lo ganado y esto es muy importante. Hemos aprendido a entender el desapego, tan fundamental en el dominio de la felicidad, y a que lo más importante del mundo está normalmente durmiendo a nuestro lado todas las noches.

¿Quieres saber qué otra cosa simpática he aprendido? Antes pensaba que tener la cuenta bancaria vacía era algo que se debía evitar a toda costa. Ahora he aprendido a invertir todo lo que tengo, todo, en mis proyectos. Lo he hecho varias veces ya y cada vez es más divertido.

No tengo duda de que, en posesión del suficiente tiempo, volveremos a tener prosperidad económica. Pero si la vida decidiera mañana demostrarme si soy inmortal o no, enfrentaría esa prueba sabiendo que disfruto de mi vida hasta el último instante.

Y este es el último instante de este artículo.

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