Vengo de una reunión de trabajo. No era una reunión de personas, sino de egos. Se trataba de una reunión de trabajo con personajes altamente formados en sus diferentes disciplinas, altos ejecutivos de una empresa, cualquier empresa. No hablé con ellos, no traté con ellos, sino con sus egos, sus posiciones jerárquicas.Ego-Knowledge-ygoel.com_

Ayer cené con un ego, totalmente preocupado por imponer sus ideas. Hacía preguntas, pero no escuchaba las respuestas, porque su ego se lo impedía. Terminé diciéndole que, si ya tenía la respuesta, ¿para qué hacer preguntas?

Me hubiera gustado cenar con una persona, perfectamente imperfecta, que se expresa al mundo como es y sin miedos. Sin embargo, cené con un ego. Lo bueno es que la cena sabe igual de bien, cenes con quien cenes.

Reunirse o cenar con egos no es tan satisfactorio como parece. La identificación de estas personas con su identidad o posición formal, con las ideas limitadas de sí mismos que poseen, es tan dominante que no deja salir al verdadero yo, el yo que puede disfrutar de la vida, que no convertirá el dolor en sufrimiento, que busca darle la razón a Buda cuando este último dice que “el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”.

Reunirse o cenar con egos es molesto si, al tratar con egos aplastantes, es el ego de uno mismo el que revive. Todos los esfuerzos que uno hace por controlar el ego y permitir que el verdadero ser fluya en el aquí y el ahora, se ven tirados por la borda cuando te reúnes o cenas con egos y no con personas.

Es, desde luego, una oportunidad de seguir aprendiendo las diferentes formas que usa el ego para encontrar la excusa perfecta y tomar el control de tu vida. Y también es una oportunidad de responder con consciencia al que no la tiene elevada. Y como creo que nada pasa en la vida por casualidad, si estuve en esa reunión y en esa cena es, seguramente, porque tenía que estar ahí, poniendo a prueba a mi mismo ego.

¿Cuál es el inconveniente de que el ego domine casi totalmente nuestra experiencia de la vida? Verás, por un lado, si una persona está totalmente identificada con una posición (director ejecutivo, consejero delegado, VP, etc.), como estas posiciones son por naturaleza perecederas, temporales, cuando las perdemos es como si perdiéramos todo en la vida. Como vivimos tantos años usando nuestro poder posicional, cuando la posición cambia perdemos inevitablemente poder.

Además, nos perdemos la gran oportunidad de disfrutar del momento, de lo presente, porque el ego nos lleva inevitablemente al pasado, a acordarnos de cuando éramos esto o lo otro, o al futuro, a temer dejar de ser esto o lo otro. La única atención que le damos al presente es para ver si los demás saben bien con quién están en ese momento, que sepan lo importante que soy. Si no se dan cuenta, a futuro me pueden faltar al respeto o ignorarme, lo que sería inaceptable.

Otro inconveniente es el proceso de decisiones. Una persona dominada por el ego no toma decisiones juiciosas. Punto. Por muy inteligente que sea, el ego nos lleva a tomar decisiones basadas en su perpetuación y no en los beneficios colectivos. Cuando mi ego me domina, decido pensando en mi salvación, reconocimiento personal, en lo que “yo” gano y no en lo que los demás ganan o todos ganamos. Y, lo peor, lo hago sin darme cuenta o me engaño a mí mismo pensando que lo que decido lo hago en beneficio mutuo.

“Si no me hago respetar, no van a seguir mis órdenes”, o “Si me muestro blando, no van a respetar mi autoridad”, o “A mí nadie me da órdenes”, o “Si les das la mano te toman el brazo”, etc., son pensamientos que cruzan como caballos salvajes las praderas mentales de las personas dominadas por el ego.

Cuando tienes pensamientos del tipo “Es que la gente es así. No te puedes fiar de nadie” por ejemplo, en realidad estás expresando un enorme miedo a la vida y a las demás personas. No los defines a ellos, a los demás, te defines a ti mismo y, para justificar tu conducta egotista, construyes a “unos demás” en los que no te puedes fiar.

¿Qué alguien nos engañe es doloroso? A lo mejor piensas que sí, pero no lo es. Doloroso es clavarse una aguja en el dedo o cortarse con una hoja de papel, y si nos enfocamos en el engaño y le damos poder, lo acabamos de convertir en sufrimiento. Y sufrir es solamente una muestra de la falta de fe y confianza en nosotros mismos.

Cuando tienes ese auto conocimiento que te dice quién realmente eres, sabes que podrás superar cualquier cosa que te pase. Podrás vivir un engaño con una expresión de sorpresa en el rostro en lugar de enojo y te podrás entusiasmar ante situaciones que antes te angustiaban. Podrás cenar o reunirte con egos y podrás iluminarlos con tu conciencia, en lugar de permitir que tu ego sea el que se revele ante el suyo.

Ven, acompáñame. Dadas mis últimas experiencias, me doy cuenta de que apenas estoy empezando a conocerme y, tal vez, después de leer estas palabras, quieras venir conmigo por el mismo camino de iluminación.

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