El Coach cuando más se le necesita

Mi abuela decía, cuando quería dar a entender que las cosas no estaban a la mano cuando más se las necesitaba, que todo era como los taxis en lluvia, cuando más llueve más desaparecen.

O, tal vez, es simplemente la Ley de Murphy. Esa que dice que, si algo puede salir mal, va a salir mal. Por ejemplo, si usted está en una cola de lo que sea y le parece que esa cola es la más lenta, cámbiese de fila y verá como ahora la cola más lenta es en la que usted se encuentra, mientras que la anterior ahora avanza más rápido.

Recuerdo en una ocasión que leía ese libro, el de la ley mencionada, mientras me dirigía de Saltillo a Monterrey, en México. Me estaba dejando tan mala impresión de ánimo que decidí arrojar el libro por la ventana.

Y parece una fatalidad humana que cuando necesitamos algo no está presente y cuando ya no lo necesitamos aparece por todos lados.

Con los coaches parece que sucede lo mismo. Cuando más se les necesita desaparecen o parece que no existen.

O, a lo mejor, lo que ocurre es que lo que cambia no es la disponibilidad de los coaches sino la percepción de que los necesitamos o no los necesitamos.

Por ejemplo, cuando recibo las noticias de la evolución de la crisis independentista catalana, me surge una sola pregunta: ¿No había un solo coach disponible? ¿Alguien experto en sociología que les diese recomendaciones más acertadas acerca de cómo proceder?

¿Conocen los políticos involucrados de ambos bandos conceptos como la disonancia cognitiva, que dice que las personas van a modificar radical y rápidamente su pensamiento si este entra en disonancia con su conducta, sobre todo si es una conducta pública?

¿Saben algo los políticos acerca de los filtros perceptuales de la experiencia? Son importantísimos a la hora de comunicar con claridad lo que se pretende. Un análisis rápido de los procesos comunicativos entorno a este evento nos indica a los expertos, y con claridad, que a pesar del dinero gastado en supuestos expertos en comunicación denotan una notable falta de conocimiento de lo más esencial de la comunicación: los filtros perceptuales.

Un ejemplo. La palabra diálogo, tan empleada de manera burda, salvaje, abusiva e imprecisa. Diálogo (viene del griego diálogos, que significa literalmente “a través de la lógica”, lo que no nos sirve para nada saberlo en este momento, pero me hace a mi parecer muy culto, de la misma forma que a los políticos les hace verse muy abiertos y flexibles) es lo que se conoce en el mundo de la gramática transformacional como una nominalización o sustantivación. Para no complicar mucho el asunto, mencionaré simplemente que una nominalización, como dialogo, por ejemplo, no tiene significado objetivo, no tiene definición, aunque la lea usted en el diccionario.

Significa lo que usted quiera. Otras palabras nominalizaciones famosas son amor, mentira, verdad, respeto, etc. Cuando yo digo que amo a alguien, yo estoy utilizando una definición de amor que difícilmente usted comparte. Lo mismo sucede con la palabra diálogo, cuya definición no es ni remotamente compartida por cualesquiera dos personas escogidas al azar en el mundo, mucho menos por dos políticos enfrentados. Ya ni hablemos de respeto, sinceridad, concordia, etc.

Se trata de un callejón sin salida en el que un experto coach como yo sabría bien como meterse o cómo dejar en el mismo a cualquier oponente.

Vamos, que entre la disonancia mencionada y las nominalizaciones usadas es sencillo predecir con enorme precisión cómo van a terminar las cosas, así como era simple saber al punto al que iban a llegar en estos momentos.

Otro factor en el que ayudan enormemente los coaches es en el de la percepción subjetiva que domina totalmente la experiencia de cualquier ser humano. Percibimos la realidad eliminando la mayoría de los estímulos, es decir, valoramos nuestras experiencias en función de un porcentaje mínimo y nimio de la información disponible.

Todos los coaches expertos en percepción sabemos que, además, lo visual tiende a dominar entre todos los otros estímulos sensoriales, como los auditivos o cenestésicos. Por lo tanto, unas imágenes de policías cargando contra manifestantes, sea cual sea el motivo o justificación, va a permanecer en la memoria mucho más tiempo que cualquier palabra pronunciada. Y va a ser interpretado inevitablemente como un abuso de autoridad, lo sea o no.

Y yo me sigo preguntando, ¿no pasaba, aunque fuera casualmente, un coach por ahí?

Pues bien, en el mundo empresarial, que es el que conozco realmente, la situación es exactamente la misma descrita en los políticos. Solo que con mucho menos daños colaterales.

Pero los empresarios tampoco conocen la disonancia cognitiva, ni los filtros perceptuales, ni las más elementales reglas de la comunicación precisa. Por eso necesitan un coach, para convertir sus sueños y deseos de negocios rentables y prósperos en una realidad tangible.

Como en muchas situaciones de diversa índole, los seres humanos no sabemos que no sabemos hasta que aquello que no deseábamos que ocurriera, ocurre finalmente, como el cierre de una empresa, por ejemplo.

Y no todo se traduce en negocios cerrados por insuficiencia financiera, también se puede hablar de beneficios menores a los que el negocio debiera tener, que también ocurre. En todo caso, acercarse a un coach no daña y sí puede permitir tapar el pozo antes del niño ahogado.

Otra alternativa a los coaches son los lectores de tarot, de manos, de café turco y de bolas de cristal. Usted elije y no creo que necesite un coach para hacer esta elección, pero si lo necesita, si no está seguro, sabe que me tiene a su disposición.

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