Dos palabras más importantes que un máster en lingüística universitario o cómo entender el poder de las palabras.

Los Maestros espirituales comentan y enseñan que la iluminación se logra en un instante. Tal vez hayas estado años preparándote, pero cuando sucede es en eso, un instante. Repentino, súbito, sorpresivo, pero un instante.

En mi experiencia, tanto en empresas como en personas, el cambio sucede también en ese instante mencionado. El éxito tiene características similares, aunque hemos estado trabajando por años de repente, cuando ya habíamos perdido toda esperanza… súbitamente todo empieza a funcionar como esperábamos desde un inicio.

Por eso, rendirse cuando creemos que ya lo hemos intentado todo es perder la inercia, porque, en primer lugar no lo hemos intentado todo y en segundo lugar, puede que estemos a punto de la explosión. “Primero muerto que rendirme”, decía un conocido mío hace ya muchos años. La Inteligencia Emocional enseña a desarrollar estas aptitudes.

El florecimiento de las plantas, el aprendizaje o darse cuenta de algo transcendente son eventos de la misma naturaleza del instante.

A veces al leer un libro, en medio de una película o en alguna conversación suelta, te has sorprendido a ti mismo diciendo cosas como “¡Ahhh! Ya entendí” o “de forma que esto es lo que significaba” o cosas parecidas.

El punto que quiero comentar es este: hay un momento en que todo lo que hemos aprendido o vivido tiene sentido, se hace claro y se convierte en un aprendizaje que podemos aplicar en nuestro mundo.

Recibiste una frase hace años, una experiencia, un consejo, y de repente es ahora cuando lo entiendes. Personalmente he estudiado decenas de cursos y gastados miles de dólares en cursos de auto ayuda que me intentaban revelar algo que, desde hacía años, un maestro mío, Jason, me había revelado en forma de dos palabras.

Él comentaba que esas dos palabras le habían conseguido materializar todos sus sueños si no instantáneamente, por lo menos a las 24 horas.

Personalmente no me animo a ser tan atrevido en cuanto a las dos palabras, pero antes de decirte cuáles son esas dos palabras, déjame contarte que sí encuentro mucho de verdad en el uso de las dos palabras, sobre todo cuando entiendes la diferencia entre el verbo “esperar”, de tener esperanzas en algo y el verbo “esperar” de saber que ese algo va a llegar y que sólo tienes que estar atento, no esperanzado. Escribí hace tiempo un artículo al respecto que tal vez quieras revisar ahora en este enlace o tal vez escuchar.

Porque la segunda versión de esperar, la de estar atento, tiene mucho que ver con las dos palabras de Jason. Y esas palabras son:

Yo ordeno.

Sí, yo ordeno. En lugar de esperar que tu negocio nuevo funcione, tú ordenas que tu negocio nuevo funcione y estás atento a cuando esto vaya a suceder.

Existen varias razones por las que estas dos palabras pueden ser muy efectivas:

  1. Sientan las bases de confianza suficiente para que tu inconsciente esté convencido de que las cosas se van a dar. Punto final. Esto te va a permitir realizar acciones y tomar decisiones con mucha más seguridad y poder personal, lo que redundará en mejores resultados.
  2. Al quitarte las dudas de tu cabeza dedicarás más tiempo a encontrar cómo convertir tus deseos en realidad, en vez de perderlo en preocupaciones inútiles.
  3. Tu nueva autoconfianza modificará tu percepción y en lugar de ver dificultades empezarás a ver oportunidades y soluciones, lo que se convertirá rápidamente en un circulo virtuoso donde lo bueno lleva a mejor y lo mejor lleva al resultado buscado.

“Solo un par de advertencias”, me dijo Jason al mismo tiempo, “Define con claridad que es lo que vas a ordenar y jamás involucres a otras personas en tus órdenes. En ambos casos no funcionará”.

Mi recomendación es que a partir de ahora ya no digas que esperas que las cosas funcionen, sino que ordenas que las cosas funcionen. Y entonces, estate atento a ver el resultado. Es más, esto puede ser tan importante en tu vida que te ordeno que lo pruebes y a partir de ahora sepas que puedes hacer tus sueños realidad. Es una orden.

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