Pide y se te dará, una aplicación práctica de la Ley de la Atracción.

Si hay algo que he aprendido en la vida es que necesitamos ayuda. En mi opinión, cuanto antes nos demos cuenta y la busquemos antes lograremos lo que deseamos.
La frase pide y se te dará, del evangelista Mateo (Mateo 7,7) que se puede leer en cualquier Biblia, es un recordatorio de que necesitamos pedir para obtener. Personalmente me cuesta trabajo creer que podamos lograr las cosas que necesitamos o deseamos sin la ayuda de alguien más. Desde luego, habrá muchas personas que crean que todo lo que han logrado, mucho o poco, lo han conseguido por su esfuerzo únicamente. Pero hasta en estas historias es fácil identificar momentos afortunados, personas que han proporcionado una ayuda invaluable o circunstancias felices que de no haber ocurrido jamás estas personas habrían logrado lo logrado.

Hasta la penicilina es fruto de la buena suerte cuando esta ocurre en la persona que tiene la preparación correcta y le ha dedicado el esfuerzo necesario.

Existen innumerables estudios de psicología social que demuestran que nuestra percepción está determinada en función de las creencias que tenemos. Personas que creen tener buena suerte, son capaces, en un estudio controlado, de encontrar un billete de 20 USD medio oculto en una calle, en mucha mayor proporción que los que no creían que la buena suerte fuera su compañera de vida. La misma calle, el mismo billete, pero unos lo encuentran y otros no.

Si conseguir las cosas que uno desea es tan fácil como pedirlas y ya, ¿por qué hay tan poca gente que se considera exitosa en el mundo? Existen varios motivos. Vea si alguno le aplica tan bien como a mí.

Las 4 razones por las que no conseguimos lo que deseamos ( y hacemos trabajar a la Ley de la Atracción en contra de nuestros deseos).

1. No pedir. Es claro que esta razón es evidente y no requiere de mayor interpretación. La soberbia, que se define como un sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás y cuyos sinónimos pudieran ser la altivez, la altanería o la arrogancia, nos impide entender lo que para mí es evidente, que solos no lo vamos a lograr. Pide ayuda, ya sea a los amigos, al banco, a Dios si te cuadra o a cualquiera que sea tu divinidad.

2. Realizar la petición, pero no tener un sistema de creencias acorde con tu petición. Digamos que pides ayuda, pero en el fondo crees que conseguir lo que deseas es tu responsabilidad y que tu valía personal se demuestra en función de las cosas que consigues, de forma que si no consigues nada en realidad no vales nada. Como necesitamos reforzar nuestra auto estima, tenderemos a rechazar la ayuda para tratar de conseguirlo nosotros solos. Diremos algo así como “sé que tengo ayuda, pero como valdría menos si la aceptase, intentaré conseguirlo por mis propios medios”.

3. Sentirse culpable de algo. Digamos, de nuevo, que solicitamos ayuda de algún tipo, pero como nos sentimos culpables por algo que hemos hecho que, en nuestra interpretación, amerita un castigo (divorciarnos y dañar a nuestros hijos en el proceso, tener más dinero que nuestros padres, no poder ayudar a alguien cercano o cosas por el estilo), bloquearemos cualquier tipo de beneficio que nuestra petición hubiese desencadenado. No hablo de cosas místicas. La culpa es un sentimiento muy destructivo que nos lleva a modificar la realidad y los resultados que obtenemos en un proceso denominado autosabotaje, muy estudiado por los psicólogos y demás estudiosos de la conducta humana.

4. Falta de fe. Si ya lo pediste y a continuación piensas que por si acaso no sucede necesitas esto y esto otro, entonces el mensaje es que no estás seguro o segura, lo que precipitará que la ayuda pueda no llegar nunca. Tu continuo estado de inseguridad atraerá más estados de inseguridad. Así que, si ya lo pediste, tranquilo que llegará. Porque si no crees en el pedirlo, entonces, ¿para qué hacerlo? ¿Para qué pedirlo en primer lugar? No es actuar como si sí fuese a pasar, es saber que va a pasar. Yo no me gastaría el dinero antes de que llegue, o sí, pero sabría que este dinero solicitado, por ejemplo, llegará. Y lo hará porque lo he pedido.

Este verano tuve la hermosa oportunidad de recorrer la Costa Azul de Francia con mi familia y conocer un poco las diferentes poblaciones que la integran. Desde Zaragoza hasta Montpellier, la última ciudad visitada en un viaje de ida y vuelta entre Madrid y Génova, visitamos las más importantes catedrales y basílicas de cada lugar, y reconozco que mi catolicismo es muy limitado.

Desde la Basílica de la Virgen del Pilar, pasando por la Iglesia de la Anunciación en Génova o la Iglesia de Nuestra Señora de la Guardia en Marsella o la Iglesia de San Pedro en Montpellier, me di cuenta de que estas construcciones estaban hechas para muchas cosas, entre ellas, estaban hechas para pedir.

No hay nada vergonzoso en pedir. De hecho, parece que es el único camino. Y, de nuevo, este artículo no pretende realzar el catolicismo que todavía conserves o inculcarlo si nunca lo has tenido. Solo pretendo que logres lo que deseas. Pide ayuda a las personas que te rodean o rodéate de personas que te quieran y puedan ayudar.

Y luego, ya que logres lo que buscas, no tengas duda que te pediré ayuda.

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