No es lo que haces que causa arrepentimiento, sino lo que no haces.

No sé, pero por motivos desconocidos no soy muy dado arrepentirme de mis actos.

Por supuesto, si he hecho daño a alguien, me duele y suelo pedir disculpas con mucha facilidad. Por arrepentirme me refiero a hacer cosas en busca de un objetivo concreto y que luego, a veces, no funcionan o, inclusive, salen peor de lo esperado.

En lugar de arrepentirme de lo hecho, aprendo y sigo adelante.

Y acabo de encontrar algo de lo que sí me arrepiento. Y no es algo que hice sino algo que no hice.

Pero antes de ser más preciso, quiero compartir una experiencia.

Acabo de regresar de esquiar con mi familia. Esto no es muy importante. Lo interesante es a donde fui.

De manera por demás curiosa, impredecible y sorpresiva terminamos esquiando en una población de los Pirineos llamada Baqueira-Beret.

El lugar es mágico en muchos aspectos, como, por ejemplo, esquiar sobre nieve fría a más de 15º centígrados de temperatura y no un solo día sino cuatro. Desde el primer día y ante tanto calor pensamos que sería el último porque la nieve no puede aguantar en ese estado con la temperatura que estábamos experimentando.

Los hermosísimos y extasiantes paisajes de los Pirineos fueron otra razón única para disfrutar de la experiencia. Pero los paisajes y la nieve no fueron los únicos elementos de disfrute. Además, recibimos un extraordinario trato y atenciones de todas las personas con quienes entramos en contacto.

Aunque parece, no estoy haciendo propaganda de Baqueira. Ya bastante bien lo hacen ellos para haberse ganado una buena fama en muchos lugares del mundo.

El punto es que, esquiando, de repente recordé que una de mis más anheladas metas de juventud era esquiar en Baqueira. En aquella época lo pensaba como algo casi imposible por lo caro del lugar, lo lejano y lo exclusivo. La realeza española esquiaba en Baqueira…

Pero yo lo deseaba y lo dejé en mi mente como una meta a lograr.

Y, con el tiempo, lo olvidé.

Hasta que llegó. Y llegó porque lo pedí. En el momento menos pensado, menos propicio, menos planeado.

Me doy cuenta de cómo funciona el Universo. Nosotros establecemos las metas, pero no tenemos control en el cuándo nos llegarán las cosas o experiencias. Pero llegan.

Pero volviendo al arrepentimiento, de lo que me arrepiento es de no haberme puesto más metas, más sueños. Porque ahora estaría viviendo algunos otros más. Si no ahora, en algún otro ahora.

Y creo que ni siquiera es tan necesario creer firmemente que lo conseguirás. Sólo pídelo. Y luego, hasta lo puedes olvidar. Llegará cuando sea, pero lo hará.

Como decía Shakespeare, “nuestras dudas son traidoras”.

Espero no arrepentirme de compartir esto. No, estoy seguro de que no me arrepentiré. Y recuerda que nunca es tarde para ponernos nuevas metas o sueños. Hazlo ahora. Ponte como meta ponerte metas y, un día inesperado, las verás, sin duda, hechas realidad.

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