“Los objetivos no sólo son necesarios para motivarnos. Son esenciales para mantenernos vivos.” – Robert H. Schuller

En serio, puede ser que estemos respirando y estar muertos, al mismo tiempo. Pero antes de meterme de lleno en el artículo te cuento brevemente tres historias.

La primera. Unos excompañeros de colegio me invitaron a una de esas reuniones en las que tratamos de recuperar lo perdido, la inocencia. Tarea inútil porque la inocencia es como el paso de los años, imposible de ser recuperados.

Pero como sea son divertidas, mientras uno no se confunda pensando que todo está como siempre y que nada ha cambiado, sobretodo con las novias o novios primigenios.

En la mencionada reunión un amigo y yo compartimos nuestras ocupaciones. Él, director de Recursos Humanos de una gran empresa. Yo, formador profesional, justo el tipo de proveedores que mi amigo tiene que contratar todos los días.

Quedo con él en una cita posterior para explicarle en más detalle y, por supuesto de la forma más profesional, entender si podemos hacer algo en conjunto. Para hacer corta una historia larga, sus palabras al final de la reunión fueron: “Mira, tengo 53 años y he trabajado como un X$%&/(? durante mis últimos 26. Lo único que deseo es que no  me toquen las pelotas de aquí a que me jubile en unos 10 años más. No tengo más pretensiones. Lo que haces está muy bien pero meterte sería un problema y mucho trabajo y. francamente, ya no estoy dispuesto”.

Me hubiera gustado que me dijese que mi trabajo no era suficientemente bueno. O que lo que yo hago no es necesario en la empresa para la que trabaja. En su lugar, mi amigo prefirió compartir sus objetivos de vida conmigo. El beneficio para la empresa, si es que este existiese, fue irrelevantemente irrelevante.

Observé fijamente su respiración y puedo asegurar que respiraba, pero sus palabras indicaban que estaba en presencia de uno de esos fenómenos cinematográficos recientes denominado zombi.

Otra historia. Unos meses antes estaba comiendo en casa de un amigo que disfruta de un buen puesto en una empresa importante. Me comenta que realiza una labor muy valiosa e imprescindible que nadie valora en su justa medida. Le pregunto que si no busca ser promovido a un puesto mejor. Me contesta: “Mira, yo lo que quiero es que ya no me toquen las pelotas hasta que me jubile. No quiero más problemas.”

Mi amigo tiene 54 años y le quedan unos cuantos para jubilarse. Por lo visto, en los trabajos en España, a los puestos más o menos importantes lo único que hacen las empresas es tocarles las pelotas.

Inmediatamente me imaginé a los superiores de mis amigos llamándoles a su oficina para tocarles las pelotas y me dije a mi mismo que nunca trabajaría en un lugar así. O por lo menos, no lo haría sin una buena protección en la entrepierna.

Al perder tu propósito, has perdido el camino.” – Friedrich Nietzsche

La tercera historia. Mi mujer imparte clases de mantenimiento físico y gimnasia en centros sociales de Madrid. Sus alumnos tienen metas tan dispares como mejorar su movilidad, bajar de peso o sentirse bien. Pero todos tienen metas, objetivos valiosos. Ya con la confianza, algunos llegan a mencionar que están ahorrando para comprarle un regalo a sus nietos. ¡Pero qué atrevidos! Y optimistas también.

El 100% de sus alumnos está jubilado desde hace ya varios años, pero además de respirar están vivos. Siguen teniendo metas, objetivos, sueños.

¿Cuáles son tus metas para el siguiente año? ¿Seguirás respirando y vivo al mismo tiempo? ¿Eres un zombi desde hace años?

La vacuna contra el estado zombi es ponerse metas, objetivos, tener sueños.

Para este 2018 te deseo que tengas muchas metas.

¡Felices fiestas y muy feliz año nuevo!

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