Cómo superar el alcoholismo (o cualquier otra adicción)

Tengo alguien muy cercano quien me reconoció recientemente que era alcohólico, que había acudido a AA y que llevaba ya un año en abstención total.

Bravo por él y su fuerza de voluntad. Sin embargo, su carácter era, sin duda, más afable cuando se supone que era víctima de la adicción. Su nuevo yo se ha vuelto agrio y distante.

Interpreto que este nuevo proceso de negación de algo que le sigue atrayendo le está provocando sufrimiento y, este sufrimiento, se ve reflejado en su conducta con los demás.

Analicemos un momento el proceso de librarse de una adicción. Las adicciones son

el resultado de sistemas de compensación iniciados por el individuo para lograr convivir con determinadas circunstancias molestas o dolorosas. Algo nos fastidia, no sabemos cómo quitarlo y lo compensamos con un elemento externo que nos hace sentir bien.

Al principio con una dosis pequeña de lo externo se consigue el resultado buscado. Con el tiempo, esta pequeña dosis resulta insuficiente por lo que tendemos a aumentarla. La prioridad es sentirse bien, así que seguimos buscando el mismo resultado de la forma más sencilla que tenemos a la mano. Beber alcohol es sencillo, vamos. Y en cuanto a las drogas, algo me hace pensar que el hecho de que el Chapo esté en la cárcel el resto de su vida no va a disminuir en lo más mínimo la facilidad de conseguirlas.

Con más tiempo desarrollamos ya un patrón neurológico interno y una reacción fisiológica de dependencia de la sustancia pues nuestro cuerpo y células ya se acostumbraron y necesitan el elemento, más y más. Si es un elemento que además de hacernos sentir bien, proporciona daños colaterales, serán estos últimos los que acabarán poniendo nuestra vida en peligro.

Tratar de salir de esta adicción por medio de la fuerza de voluntad y el autoreconocimiento solo avocan al individuo a una vida plagada de sufrimiento, culpa, remordimiento y frustración.

¿Se puede evitar esto y realmente superar completamente la adicción? Afortunadamente la respuesta es un sí rotundo. Analicemos los cuatro errores básicos de la eliminación de una adicción que, de no cometerlos, tendríamos un mucho mejor control de nuestras vidas y estaríamos las puertas de una felicidad verdadera.

Error Nº 1. Sé que esto que voy a compartir va a resultar tremendamente controversial, pero lo haré de todas formas. Soy adicto a la controversia, qué le puedo hacer. El reconocimiento base de AA es que “eres un alcohólico”. Y esto es un error. Verás.

Esa afirmación habla de una característica del ser, es un juicio del individuo que nos muestra su esencia, lo que en sí es un error. Lo que debemos de cambiar no es a la persona sino a la conducta, por lo que enjuiciar a la persona nos pone de lleno en una tarea imposible por cuanto la persona no puede cambiarse. Puede cambiar de ropa, de hábitos, de conductas pero no de su ser.

Lo correcto es enjuiciar la conducta únicamente, es decir, utilizar una expresión como esta: “soy un ser excepcional con una conducta de abuso del alcohol”. Al momento de definirte como “alcohólico” conviertes en imposible, a menos de que vuelvas a nacer, el cambio. Tu fuerza de voluntad puede lograr, junto con tu mentor o guía, que evites el consumo pero con un gran sufrimiento, frustración y posibilidades de recaída.

Para cambiar conductas la PNL, Programación Neurolingüística, nos ofrece un sinfín de herramientas tremendamente eficaces y eficientes.

Error Nº 2. Eliminar algo que nos produce placer sin haber encontrado antes un substituto que produzca exactamente el mismo placer. Cortar el alcohol produce dos dolores: vivir cruelmente con lo que nos molesta sin poder evitarlo y ahora sumarle a ese dolor el dolor de la abstinencia.

A mi no me sorprenden las recaídas. Precisamente porque tenemos auto estima no queremos sufrir y haremos lo que sea necesario para no hacerlo. Pero si no encontramos otra alternativa para seguir sintiéndonos bien en los momentos duros, caeremos inevitablemente en la conducta adictiva de la que huimos.

No se puede eliminar una adicción sin una alternativa emocional. Intentar hacerlo es el camino directo al sufrimiento y eso, el sufrimiento, no es inteligente y va en contra de la función principal de nuestro cerebro: buscar el placer y evitar el dolor.

Ahora bien, si el alcohol o las drogas proporcionan un indudable bienestar emocional, al menos de inicio y al igual que todas las adicciones, se trata de un efecto exógenos, es decir, exterior. No es personal ni proviene de un acto de dominio. Es una solución rápida y fácil que conlleva un sinfín de efectos colaterales negativos.

Por lo tanto, la alternativa a esa conducta adictiva debiera de ser un remedio interior y permanente. La PNL nos muestra muchas elegantes, diferentes y efectivas maneras de crear alternativas positivas a las conductas adictivas. Un entrenamiento en desarrollo de Inteligencia Emocional también resulta tremendamente beneficioso para el control o la inducción emocional.

Error Nº 3. No eliminar la culpa. Confundir una costumbre con una adicción alimenta la culpa. De hecho, la culpa lleva directamente al camino de la autodestrucción. No dejan de fascinarme todos aquellos expertos psicólogos que dicen que una persona es alcohólica porque consume con cierta frecuencia alcohol y que cuando esta persona lo niega le sueltan un “la negación es el primer síntoma”.

Nos hacemos alcohólicos porque estamos autodestruyéndonos, pagando psicológicamente una culpa que sentimos, casi con toda seguridad, de manera innecesaria y absurda. En cuanto alguien nos define como alcohólicos nos está mostrando el camino a pagar culpas. Camino que, una vez iniciemos, va a ser complicado dejarlo, porque funciona.

La realidad parece indicar que nos sentimos culpables por cosas que están totalmente fuera de nuestra responsabilidad y, por lo tanto, no somos ni de lejos culpables. La eliminación de la culpa es el primer paso para superar adicciones.

Error Nº 4. No tomar en cuenta La teoría de las 3 personalidades. En algunos casos llegamos a ser tres personas diferentes. Una antes de la adicción, otra durante la misma y una tercera cuando vivimos la abstinencia. Es decir, no regresamos a quienes éramos antes de comportarnos con adicción por un largo periodo de tiempo.

Tantos meses o años con un bombardeo de neurotransmisores diferentes en nuestro cerebro nos convierten en una nueva persona. La abstinencia posterior no nos puede regresar a quienes éramos en términos de identidad antes de la conducta adictiva. Es, muy al contrario, una enorme y maravillosa oportunidad de un nuevo y mejor yo que el que nunca has sido.

Es preciso aceptar que el “yo” en abstinencia es un yo nuevo, el yo del ahora. El empeñarse en un yo pasado, el anterior a la conducta adictiva, nos va a impedir expresar libre y plenamente esta fantástica nueva oportunidad. Verás, la adicción no fue un problema de un pasado que es preciso olvidar. Es una maravillosa y extraña manera de la vida de hacerte mejor.

Vivir el aquí y el ahora con consciencia es entender que todo lo que te ha pasado y te pasa es maravilloso. Un alcohólico está curado no cuando evita tomarse una copa sino cuando es capaz de tomarse una y solo una, disfrutarla si es disfrutable y su nuevo yo ha vaciado completamente la botella de la culpa.

Y, para terminar, con toda seguridad prefiero a mi amigo agrio y distante y no abusando del alcohol y probablemente él también prefiere perderme que regresar a su conducta adictiva.

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2 Comentarios

  1. David Berroterán

    Excelente artículo. Es muy interesante cómo el determinarnos de una u otra manera nos condiciona más allá de lo emocional, como el asumirnos como alcohólico o fumador, o como alguien valioso con un desafío a superar. Es muy bueno conocer también la teoría de las 3 personalidades, a mi parecer una posición asertiva ante la vida, ya que cualquier experiencia que vivimos puede ser valorada como una que nos lleva a ser mejores personas. Incluso las peores desgracias aportan cosas positivas, sea experiencia, cambios irreversibles, conocimiento, madurez, mayor conciencia, y todas nos otorgan más ventaja frente a la vida que si ese “evento” nunca hubiese ocurrido. Las dificultades no son el enemigo, son amigos sabios que nos están indicando cómo corregir nuestro andar hacia nuestro auténtico camino. Y las cosas buena están para impulsarnos a seguir andando, nos indican que vamos bien.

  2. David Berroterán

    *Es muy bueno conocer también la teoría de las 3 personalidades, a mi parecer una postura resiliente ante la vida… (quise decir).

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