Aceptémoslo. Los expertos en psicología social nos demuestran una y otra vez que nosotros creemos que tomamos las decisiones pero que la realidad dista mucho de ser esta. No estamos en control del 95% de nuestras decisiones. Algunos más.

Por un lado, muchas decisiones que tomamos son inconscientes. Por otro, muchas decisiones que tomamos pensando que lo hacemos basados en nuestros intereses y razonamiento propio son, en realidad, inducidas por muchos factores externos tales como el entorno social, la publicidad, los mensajes subliminales, etc. Vamos, que se nos controla para que tomemos las decisiones que “alguien” quiere que tomemos. En este artículo te contaré cómo evitar esto, pero antes piensa en lo siguiente.

Si esto te inquieta o preocupa, es que yo ya conseguí que hagas o sientas algo que quiero que sientas o hagas, no porque tú así lo hayas decidido, sino porque lo he decidido yo previamente.

Así que decide no preocuparte porque para salir adelante en la vida no hace falta que controlemos todas nuestras decisiones, que dejarse llevar también es muy útil, pero sí unas cuantas, las más importantes.

Antes de que te cuente cómo se puede llegar a controlar mejor nuestro proceso de toma de decisiones, es imprescindible que entiendas que tu EGO te va a decir una y otra vez que “claro que algunas decisiones te las inducen pero eso de que el 95% está fuera de nuestro control es un cuento chino. Tú estás a cargo, que para eso me tienes a mi”, pero que esto no es así. Puedes revisar la información especializada que gustes, leer libros dedicados al asunto o abrir tus ojos y darte cuenta por ti mismo, la realidad es que no somos tan listos como pensamos.

Habiendo aceptado lo anterior, ahora podemos hablar de cómo controlar un poco más nuestras decisiones. Empecemos entendiendo los diferentes tipos de decisiones en las que nos podemos ver envueltos.

Existen dos tipos de decisiones: Decisiones Selectivas (DS) y Decisiones Directivas (DD). Ambas nos harán dudar, nos podrán incluso quitar el sueño, al no saber cuál decisión es la correcta. Y no solamente nos mantendrán, interminablemente a veces, sin poder decidir, además, una vez decidamos, nos harán sentir que lo que decidimos finalmente no fue lo correcto o, al menos, lo dudaremos por algún tiempo después, tal vez el resto de nuestras vidas.

¿Pero cuáles son las Decisiones Selectivas y cuáles las Directivas? ¿En qué se diferencian? Entender la diferencia nos va a ayudar a tomarlas ambas de forma correcta. Comencemos con las Selectivas.

Una Decisión Selectiva es aquella que nos pone a decidir, elegir, entre dos o más opciones. Si las diferencias no son muy obvias o permanecen ocultas a nuestra percepción, una DS nos puede paralizar literalmente o llevarnos a decidir por lo incorrecto o inapropiado para ese momento. Cuando no entendemos la diferencia entre las opciones que se nos presentan al comprar un producto en el supermercado nos decantamos por la opción más barata. Por eso los descuentos venden.

En otras ocasiones seleccionaremos basados en identificación con la marca. Las empresas gastan enormes cantidades de dinero para que asociemos ciertas características de la personalidad con sus productos y, en consecuencia, conducir nuestras decisiones.

La distinción hecha anteriormente en la descripción de las DS de que se realizan entre dos o más opciones no es baladí. Se dice comúnmente que decidir cuando existe una sola opción es automatismo; si decidimos entre dos opciones entonces estaremos en un dilema; solo entre tres o más de tres, entonces estaremos ante una decisión que requerirá inteligencia. Eso sin caer en lo que se conoce entre los comerciantes como la parálisis decisoria, que se da cuando las opciones que tenemos para escoger son tantas que la decisión se paraliza totalmente y terminamos no tomando ninguna decisión. Experimentos de psicología social demuestran inequívocamente que, ante muchas opciones, los compradores terminan sin comprar nada en absoluto.

La clave de las DS es percibir correctamente las distinciones, en particular cuando la lógica nos es ineficaz o insuficiente. Una forma práctica de hacer esto es colocar en una tabla y debajo de cada opción, las características, las ventajas y los beneficios de cada una. Una definición de cada uno de los conceptos que puedes ser válida es la siguiente: características son las diferentes prestaciones o utilidades reales que posee o representa la opción, ventajas se refiere a algo o algunas cosas que solo esa opción representa o tiene y, por último, por beneficios entendemos las diferentes sensaciones o experiencias emocionales que cada opción representa.

Las DD son algo más complejas y si en las anteriores estamos perdidos e indefensos ante los publicistas, en estas estamos perdidos ante nuestra imposibilidad de predecir el resultado final de casi nada o nada.

Las DD se presentan cuando tenemos que decidir qué queremos conseguir o qué tendremos que hacer para conseguirlo. Puede parecer que para ambas cosas tenemos que elegir entre opciones pero si lo analizas bien, en realidad estas decisiones salen de nuestro corazón o al menos de nuestra intuición. Por un lado podemos desear conseguir o ser cualquier cosa en la vida y, por otro, no tenemos ni idea de cómo llegar a realizar nuestros sueños. Así que todo se convierte en un viaje de ensayo y error. “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”, retumban las palabras de Serrat en nuestros oídos.

Pues bien, tanto para las DS como para las DD existen una serie de recomendaciones, que no remedios mágicos, que nos pueden ayudar a decidir y a hacerlo bien. No se estudian en las escuelas de negocios y son las siguientes.

Los 6,5 secretos para tomar decisiones extraordinarias.

  1. Recuerda que decidir es poderoso, que solo las decisiones tienen el poder de transformar vidas. Ten presente siempre el gran poder que se encuentra detrás de cada decisión.
  2. Decidir significa hacer, no solamente desear. Una verdadera decisión es aquella que es seguida por una acción encaminada a conseguir lo decidido. Si no haces nada a continuación de la decisión lo más probable es que se quede en una preferencia pero nunca llegue a nada más. Los estudios demuestran que las personas exitosas, de alto coeficiente emocional, toman decisiones con más rapidez y una vez tomada la decisión se mantienen ciegamente en ese camino hasta que lo logran. Por el contrario, las menos exitosas tardan en decidir y una vez que lo hacen permanecen en un continuo estado de duda, de avance y retroceso, que generalmente no conduce a ningún lado.
  3. Practique tomar decisiones. Son un músculo y como tal, funciona mejor si se entrena.
  4. Aprenda de las decisiones tomadas. En el mundo del éxito, no existen decisiones malas, sino decisiones que enseñan. NO existe el fracaso, solo el aprendizaje.
  5. Cultiva el arte de la flexibilidad. Tu compromiso es con el destino decidido, no con el camino. Si un camino no te lleva, busca otro. ¿Cuántas veces? Las que sean necesarias hasta llegar a tus metas.
  6. Considera siempre el largo plazo en las decisiones que tomes. El corto plazo es para los miopes, para los pobres de miras. Casi todo lo que nos produce placer inmediato, representa dolor de futuro.

6,5. Simplemente decide. Ante la duda, decide. En el mundo del futuro, decidir siempre dará mejores resultados que no decidir. Usa el Tarot, los dados o una app en el móvil si hace falta, pero decide. Muchas veces las decisiones tomadas en base al azar resultan sorprendentemente mejores que las decisiones meditadas largamente.

Así que, como una forma de demostrarte que sí sabes tomar decisiones y que tienes el valor necesario, piensa en dos cosas que tienes que decidir y que has estado posponiendo por mucho tiempo. ¿Ya las tienes? Perfecto. Pues ahora, en este momento, DECIDE. Sin excusas, decide ya. No mañana, AHORA.

Si estás leyendo esto y no has tomado tus dos decisiones ya, dime algo, ¿a quién quieres engañar? DECIDE AHORA.

¡Decide que el 2019 te permita tomar las mejores decisiones de tu vida!