Existen muchos mentalistas que demuestran que esto, el control mental, es más que posible. Pero mentalistas profesionales aparte, en la vida cotidiana tenemos también múltiples ejemplos de que, si no es control mental, se acerca mucho.

Un estudio de psicología social de los años 80 demostró que personas que habían recibido un regalo previo a una solicitud de donaciones resultaban más generosas que otras personas con la misma solicitud de donación pero sin un regalo previo.

En el caso de los que habían recibido el regalo, las cantidades obtenidas resultaron ser casi el doble de lo donado por las personas sin regalo previo.

En uno de los grupos, el investigador oculto regalaba sin ninguna intención aparente, un refresco a la persona que se encontraba junto con él en una sala de espera.  En el otro grupo, el investigador simplemente se levantaba e iba a comprar un refresco para sí mismo sin ofrecérselo al acompañante desconocido.

Como esperaban los investigadores, los sujetos que habían recibido el regalo se sintieron comprometidos a comprarle boletos de caridad al investigador cuando este los ofreció, mientras que los que no recibieron el regalo se mostraron mucho más reacios a contribuir con la noble causa.

En otro famoso estudio, personas sometidas a imágenes relacionadas con el mundo de los negocios tomaban decisiones en un ejercicio posterior de negociación, mucho más orientados a la ganancia personal que a algo que beneficiara a ambas partes. Mientras que otros sujetos sometidos previamente a imágenes neutras, reaccionaban con más énfasis a decisiones de ganar-ganar, o inclusive, inclinadas al otro lado de la mesa de negociaciones..

¿Se puede influir en la conducta de los demás hasta un grado en el que literalmente hacen lo que nosotros deseamos? Según los investigadores la respuesta es estadísticamente un sí rotundo. El control mental es una realidad.

Puede no funcionar en una persona cuando se aplica a nivel individual, pero en el caso de grandes grupos, en el caso de una sociedad completa, la respuesta deseada es más probable de ser obtenida. Es decir, es más sencillo controlar a grandes grupos que a individuos separados.

En unas competidas elecciones recientes de un país europeo, el partido político ganador lanzó una campaña basada enteramente en incentivos hipnóticos y subliminales. Sus trucos y técnicas manipuladoras eran tan evidentes que cualquier persona con un cierto conocimiento de hipnosis y propaganda subliminal se hubiera dado cuenta del objetivo inmediatamente. Nadie muestra como lema de campaña un rostro de un político totalmente tapado por las letras del lema de campaña, mismo que estaba escrito en un color rojo y llamativo, directamente diseñado para ser percibido por el inconsciente mientras el consciente fija su atención sobre el rostro mostrado en blanco y negro, a menos que sepa mucho de inducción subliminal.

No sé si este esfuerzo manipulativo y de Márketing realmente afectó el voto de los ciudadanos ya que el partido en concreto obtuvo resultados sorprendentemente positivos. Lo que es llamativo es el haber acudido a este tipo de técnicas manipuladoras más que en confiar en sus propuestas políticas.

Ejemplos como el anterior son abundantes y la necesidad de los gobernantes de controlar a los gobernados está presente en todos y cada uno de los gobiernos del mundo. Este no es un artículo acerca de teorías conspiratorias sino acerca de cómo influir en la conducta de los demás y, lo más sorprendente, sin que los demás se den cuenta.

Pero a mi no me sorprende porque tengo años estudiando estos fenómenos buscando no tanto como influir en las personas para que cumplan mi santa voluntad (cualquiera que me conozca más íntimamente sabría, observando mi matrimonio, que, si he usado estas técnicas manipulativas, en mi caso no han funcionado) sino más bien preparándome para detectarlas y protegerme de ellas.

Con ese espíritu escribí el libro Neurocomunicación, el libro El Proceso de la Venta Inteligente y creé el curso Hipnosis en la Vida Cotidiana, siempre pensando en el uso ético de las herramientas de persuasión e influencia que llevan funcionando siglos y seguirán funcionando otros cuentos siglos más.

Espero al menos, con este artículo, ponerte alerta acerca de cómo las personas que te rodean intentarán, algunas sin ninguna mala intención, de influir en tus decisiones y en tu conducta y que, con amor, sepas detectar estos intentos de control y te libres de ellos elegántemente. Es bueno, según mi opinión, que conozcas la verdad y que esta te haga más libre.