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No hace mucho tiempo uno de los mensajes más comunes en el mundo del desarrollo personal era la frase “La mente es muy poderosa” o “Usa el poder de tu mente para conseguir tus objetivos”.

Incontables personas se entrenaban para dominar el poder de sus mentes y lograr el cumplimiento de sus más valiosos objetivos. La mente, se decía, domina la materia. Incluso existen experimentos

en los cuales se podía medir este dominio de forma indiscutible por lo apabullante de los resultados obtenidos.

El Dr. Masaru Emoto se hizo famoso por sus experimentos con agua y con los cristales que se formaban al momento de congelarse. De forma contundente demostró que botellas de la misma agua dejadas a congelarse en las frías noches niponas, pero con letreros adheridos conteniendo palabras diferentes generaban distintos tipos de cristales de hielo. Lo curioso del experimento es que las botellas con etiquetas conteniendo palabras emocionalmente negativas generaban cristales amorfos y estéticamente feos mientras las botellas de agua con etiquetas de palabras emocionalmente positivas generaban cristales de hielo de belleza inigualable.

La realidad es que se trató de un experimento bastante solitario y realizado en condiciones de poco rigor científico (por ejemplo, no fue realizado en condiciones de ceguera doble), pero sus resultados eran esperanzadores para los creedores en la teoría del dominio mental sobre el mundo físico.

También se ha ahondado mucho en el campo del poder de las creencias, totalmente dentro del mundo de lo mental, sobre la salud de las personas. No hay forma de probarlo categóricamente, como si se tratase de una prueba de Covid 19 que de igual forma da un resultado no confiable al menos la mitad de las veces, pero hay también innumerables experimentos que muestran el cómo las creencias controlan nuestra percepción y, por lo tanto, nuestras experiencias y, por lo tanto, nuestra realidad.

Y de todo esto se hablaba antes de la pandemia, pero a partir de la misma, nadie se atreve a hablar del poder de la mente. Nada. Niet. Zero.

Sin embargo, muchas personalidades del mundo de la medicina, de esas que no salen tanto en los medios pero cuya capacidad y reconocimiento está fuera de duda, consideran que la psicosis y el miedo pueden haber matado tanta gente o más que un todavía no descubierto virus. Es sabido que la ansiedad y el pánico provocan crisis de tipo respiratorio agudo y que las personas mayores en residencias están permanentemente sufriendo de periodos intensos de ansiedad, estrés, depresión y otra serie de padecimientos todos ellos de tipo psicosomático.

Y de nuevo, nadie se atreve a hablar del poder la mente.

Hace ya varios años, Ronda Byrne, una australiana productora de programas de TV, lanzó muy exitosamente una película únicamente en formato DVD de la que se llegaron a vender 5 millones de copias. Su nombre era bastante simple pero llamativo: El Secreto.

En esta película, y sus numerosos libros del mismo nombre, se promovía la idea de que con el poder la mente (sé que estoy siendo simplista y demasiado breve) se podían revertir condiciones lamentables en los mundos de las riquezas, la salud, las relaciones, los negocios, el reconocimiento, etc. Muchas personas creyeron en ello en su momento y, hasta la fecha, algunas claman haberlo conseguido mientras que otras tantas consideran que el concepto fue un fraude.

Como sea, si funciona una vez debe de funcionar más veces. En la película Salto de fe, una historia acerca de cómo una caravana de supuestos cristianos engañaba a las personas con trucos tecnológicos de milagros y otras clarividencias para sacarles dinero, el protagonista se mantiene siempre consciente de que todo lo que hacía era engañar a la gente, hasta que… Hasta que se encontró de frente con un auténtico milagro.

No nos engañemos. Puede que muchas personas hagan trucos para hacernos creer en milagros falsos, pero los auténticos, los milagros de verdad, existen. Y es en los momentos críticos cuando es valioso, cuando vale la pena, darse cuenta de que en cualquier momento un milagro puede pasar.

Hay una frase gallega (de Galicia, no de los españoles, porque en muchos países de Latinoamérica y Sudamérica, a los españoles se les dice gallegos despectivamente) acerca de las brujas, meigas en gallego, que expresa lo que aquí quiero decir. Los gallegos dicen “Yo no creo en las meigas, pero haberlas, haylas”. De igual forma podemos pensar “yo no creo en los milagros, pero de que pasan, pasan”.

Me atrevería incluso a decir algo así como “yo no creo en el poder de la mente, pero de que es poderosa, lo es”.

Tal vez estemos despojando a este momento de nuestras vidas de la dimensión mental y que, tal vez, tengamos a la mano recursos poderosos tanto o más que una vacuna. Tal vez seamos capaces de curarnos o de tener un sistema inmunológico a prueba de cualquier virus con tan solo el poder de la mente o una muy buena actitud. Tal vez.

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