“Todas las generalizaciones son falsas”, Richard Bandler

Analice la frase anterior. Porque de su interpretación depende algo tan simple como nuestra felicidad en la vida.

Ahora se lo explico. Pero antes déjeme contarle la frase más común que he encontrado como consultor de empresas e inclusive como coach, en mi vida: “Ya lo intenté/amos antes y no funcionó”.

Y es que es difícil representar un intento de cambio organizacional en una empresa en la que nunca antes se haya intentado algo concreto como un programa de cambio de cualquier naturaleza. Y es difícil encontrar alguna empresa en la que todo lo que haya intentado haya funcionado a la primera.

Más difícil todavía es encontrar una persona que a su primer intento de cualquier cosa que haya intentado, haya tenido éxito. Parece ser que my pocas cosas funcionan a la primera, fuera de una televisión, por ejemplo.

Pero en lo que se refiere a aventuras humanas, rendirse a la primera que se falla no parece ser una fórmula adecuada de éxito y, por supuesto, no representa la historia de la humanidad, en la que los humanos han intentado una y otra vez las locuras más inéditas e inverosímiles hasta que, a veces sorpresivamente, se termina logrando lo inesperado y más.

La actitud de rendirse tiene que ver con muchas cosas, desde luego. Entre ellas podemos contar con la autoestima, la falta de confianza, los paradigmas personales y sociales, ambiciones, y muchas más, pero un lugar muy especial lo ocupan las generalizaciones.

La generalización, también llamada cuantificación universal, es un procedimiento neurológico y lingüístico a través del cual tomamos un ejemplo de algo y lo extendemos a todo lo que se le parece. Se expresan lingüísticamente con palabras como nunca, jamás, siempre, todos, todo, etc.

Una mujer o un hombre es engañado o engañada sentimentalmente por su pareja y partir de esa experiencia crea un mundo en el que “todos los hombres/mujeres son iguales”. Conoce a una persona natural de España y a partir de entonces usted ya sabe cómo son los españoles.

No importa si su opinión acerca de los españoles es buena o mala, se trata de una generalización imposible de sostenerse en la realidad. Lo mismo ocurre con las mujeres, los hombres, los presidentes de empresa, los albañiles o cualquier otro representante de cualquier colectividad humana.

Las generalizaciones son importantes en muchas actividades y experiencias de la vida humana. El fuego siempre quema es una aparentemente eficaz generalización que se ha transmitido de generación en generación a partir de la invención del fuego. No es una generalización muy útil con las chimeneas falsas en las que las personas que las ven sienten miedo hasta de meter las manos a pesar de saber que son inofensivas en su totalidad. Nuestra generalización trasmitida por años e inconsciente nos domina.

Pero no todas las generalizaciones son inadecuadas. Por ejemplo, la generalización “siempre se puede encontrar una solución a cualquier problema” es falsa como todas las demás, pero es la raíz de los más grandes logros de la humanidad.

Que siempre superará todos sus problemas, que siempre encontrará una solución, que puede lograr todo lo que se proponga, y otras más, son generalizaciones tan falsas como una moneda de dos dólares o una promesa de un político, pero tan eficaces que su solo uso puede lograr mover montañas.

El secreto de grandes logros es contar con generalizaciones poderosamente positivas, porque poderosas son todas. Hasta la generalización negativa como “nada me sale bien” es tremendamente poderosa. No voy a gastar mi tiempo en convencerle de que las generalizaciones determinan experiencias de vida. Me creerá o no, pero lo hacen. Como consejo le diré que identifique sus generalizaciones y, una vez identificadas, elimine las negativas y fortalezca o cree generalizaciones tan positivas que nada pueda interponerse entre usted y sus sueños.

Es más, considere estas tres opciones para lidiar convenientemente con las generalizaciones y hacer que se conviertan en su garantía de lograr cosas extraordinarias en su vida.

  1. Identifique sus generalizaciones más dominantes. Sea consciente de su lenguaje y dese cuenta de cuáles generalizaciones están controlando sus experiencias. Las generalizaciones son creencias y controlan nuestra percepción de tal forma que no percibimos aquello en lo que no creemos. De nuevo no tengo tiempo de convencerle. Me creerá o no, pero sí lo hace sepa que las creencias determinan nuestras experiencias de vida de tal forma que si cambia sus creencias cambiará su vida. Regresemos. Identifique sus generalizaciones dominantes y analice su vida bajo el cristal de dichas generalizaciones. Vea las relaciones lógicas que hay entre las generalizaciones y sus experiencias.
  2. Considere el orden correcto de las cosas. ¿Qué son primero, las generalizaciones o las experiencias? Ni se detenga a responder a esta pregunta. La respuesta es con certeza que las generalizaciones vienen primero y las experiencias vienen después. Y las últimas, cuando se producen, confirman las generalizaciones que les dieron vida. Una espiral perfecta de retroalimentación. El huevo o la gallina.
  3. Haga que una adecuada generalización tal como “Todos los sueños se terminan haciendo realidad si las personas se empeñan en ello” se convierta en una creencia de vida repitiéndosela una y otra vez. Verá, nuestro cerebro funciona con repetición más que con lógica. Si fuéramos más lógicos en nuestras vidas no existirían ni el matrimonio ni las tarjetas de crédito.

Recuerde que todas las generalizaciones son falsas. No es cuestión de cuál es verdad y cuál no lo es. Es cuestión de cuál es más útil y cuáles no lo son, en relación con los objetivos que perseguimos en la vida. Si usted no persigue ningún objetivo, entonces ninguna generalización le es buena ni mala. De hecho, pude que ya esté muerto y no se haya dado cuenta.

Pero, un momento. Si todas las generalizaciones son falsas entonces esta frase también es falsa y, en consecuencia, no todas las generalizaciones son falsas. Ahora bien, la frase es una generalización, pero si es cierta, entonces todas las generalizaciones son falsas. Es una paradoja y tratar de resolverla es tan inútil como pensar que no siempre se consigue todo lo que uno quiere, como estipulan los más realistas y críticos del coaching.

Estas personas, cubiertas de un realismo rancio y pegajoso, sostienen que no siempre se consigue lo que uno desea. Y es que todo depende de cuanto dura el “siempre”. Si siempre es mucho tiempo, más del que uno alcanza a percibir en su consciente, la respuesta es categórica y es sí. Porque siempre es siempre, y a ver quién me lo discute.