Priming.

La primera vez que lei acerca de este aspecto confieso que no lo entendí plenamente. Lo hice intelectualmente. Quiero decir, dije algo así como: “Claro, qué interesante”, pero nada más.

Luego empecé a meditar y las cosas empezaron a tener cierto sentido. Y me pareció que sin duda yo tenía que dominar el proceso del “priming”. Y tú también estarás de acuerdo después de que te lo explique.

Para explicarte este concepto, déjame que lo haga a través de un experimento de psicología social llamado “The Ultimatum game”.

A dos grupos de personas se les pide que estén expuestos, sin ellos saberlo, a imágenes en una sala por un tiempo determinado. Uno de los dos grupos ve imágenes neutrales, sin relevancia alguna, sin conexión unas con otras. El otro grupo, es expuesto a imágenes de negocios, portafolios, gráficas de resultados, empresas.

Y luego se les pone en el experimento con una persona que es parte del mismo, es decir, es un actor. Al participante se le proporciona un recipiente que contiene dos papeles con opciones diferentes cada papel. En uno de los papeles dice textualmente “decide”, en el otro dice “ofrece”. La primera decisión que el participante tiene que tomar es si es él el que escoge el papel o es el otro. Por supuesto, cualquiera de las dos opciones representadas en los papeles es escogida al azar.

En teoría, si se escoge el papel que dice “decide”, el participante deberá dividir $10 entre ambos según sea su santa decisión y el otro no tendrá más remedio que aceptar. Pero si escoge el que dice “ofrece”, tendrá que ofrecer al otro una opción a repartir el dinero. Por ejemplo, puede ofrecer al otro que él se queda con un 80% y el otro con un 20%. Al fin y al cabo, ninguno de los dos tenía nada al inicio del juego. En este caso, el otro, el que recibe la oferta tiene la opción de aceptarla o no, y en caso de no aceptarla, ninguno recibe nada.

Se supone que tienes que hacer una oferta que el otro no pueda rechazar o no ganas nada. Curiosamente, ninguna oferta de reparto inferior o igual al 20% era aceptada.

El experimento en sí es interesantísimo, no solo por las ofertas hechas, sino además por conceptos como la envidia, la solidaridad, la colaboración, etc. Desde luego, miles de experimentos posteriores y similares demuestran las mismas conclusiones una y otra vez.

Pero resultó todavía más interesante el efecto que tuvieron las imágenes a las que ambos grupos estuvieron previamente expuestos. Los que estuvieron expuestos a imágenes neutras tendieron a repartir el dinero a partes iguales. Los que, sin embargo, estuvieron expuestos a imágenes relacionadas con el mundo de los negocios o el dinero tendían mayoritariamente a hacer una oferta ventajosa para sí mismos. En ningún caso ofrecieron más del 30% de reparto para la otra persona.

La primera conclusión es que las imágenes a las que estuvieron expuestos influyeron en los participantes decisivamente, provocando que los expuestos a imágenes de negocio pensasen más en el juego como un negocio y no como una relación entre humanos. Lo único que pensaban era en cómo obtener la mejor ganancia posible.

La segunda conclusión es que esta tecnología, la de exponer a las personas a determinadas imágenes antes de que tomen una decisión, es poderosa y seguramente quieres usarla en tu beneficio.

Y yo obtengo una tercera conclusión: cómo podemos detectar el “priming” antes de que influya en nuestras decisiones de tal forma que me sienta y sea libre en las decisiones que tomo.

El punto es que a nuestro ego le gusta pensar. No solamente eso, le gusta pensar que es dueño de sus pensamientos, pero la verdad es que no lo es. Piensa incesantemente, sin parar, casi, en algunos casos, 24 horas al día. Y de la misma forma que nuestras decisiones, el pensamiento es también un producto de la influencia del entorno.

Si seguimos la cadena de consecuencias, el pensamiento influido por el entorno produce interpretaciones influidas, las que a su vez producen acciones influidas, resultados influidos y un destino de vida fuera de mi control. Afortunadamente existe el punto cero.

El punto cero

El punto cero es un momento en el que estamos libres de pensamiento, con la mente en blanco.

Y solamente en el punto cero es donde estamos libres de influencia o “priming” alguna. Lo que nos lleva a la pregunta ¿cómo se alcanza el punto cero? o ¿dónde está ese punto?

Aunque parece imposible, el punto cero es una realidad para miles de personas que practican la meditación trascendental. Difícil en los primeros intentos, vencer la inercia del pensamiento es complicado de inicio, con la práctica se va desarrollando un músculo de presencia en el aquí y en el ahora que termina por ser una sensación o circunstancia de lo más natural.

Para mi es sencillo, soy calvo, un poco gordito y, con una bata, me puedo parecer a un buda con facilidad. Bromas aparte, no se requiere de un máster ni un doctorado para meditar. Tal vez, un poco de atrevimiento y apertura de mente.

Hacerlo te reportará innumerables beneficios, incluso económicos. Cuando los consigas, los económicos, sólo te sugiero que los repartas conmigo y recuerda que si los rechazo ninguno ganamos nada. Hazme una oferta que no pueda rechazar pero antes, prueba eso de la meditación. Y no veas la imagen de este artículo. Pudiera influir en ti.