Su nombre era Nolan Bushnell, y acudió a decenas de inversionistas para que le financiaran la producción y venta de su invento.

Con un nombre raro para su invento trató por años y sin éxito de escribir su nombre en el registro de las personas que han impactado dramáticamente nuestra vida en la actualidad.

Pero un día, después de mucho insistir… Alguien creyó en él, le dieron el dinero necesario justo cuando estaba a punto de, ya sabes, tirar su portentoso invento a la basura y…

Sí, sí cambió nuestra sociedad moderna hasta niveles que ni siquiera él mismo imaginó. Y el hecho de que ni él mismo lo hubiera imaginado es el corazón de este artículo.

El invento de Nolan se llamaba, ya ni existe, ATARI. Se trataba de la primera videoconsola doméstica que solo servía, por aquel entonces, para jugar una cosa parecida al tenis de mesa con dos mandos que operaban sobre una pantalla negra que se proyectaba sobre el televisor.

Por supuesto, de los mandos salían sendos cables negros que se conectaban a una caja gris que, a su vez, se conectaba mediante varios cables más al televisor. Ni falta hace mencionar que no todos los televisores de la época tenían conexiones aptas para el ATARI.

Muchas fueron las personas que le dijeron que nadie dejaría de ver la televisión gratuita de aquella época para jugar a un aburrido juego sobre una pantalla negra. Y no se equivocaron. Con los años, las personas estaríamos dispuestos a comprar más de un aparato de tv con tal de hacer las dos cosas: jugar una videoconsola en un aparato y en el otro ver la tele.

Hoy en día, el negocio de los videojuegos alcanza varias decenas de miles de millones de dólares y esta cantidad palidece con las proyecciones del sector a futuro.

La historia de Nolan es inspiradora, sin duda. Una persona persistente, con una visión de futuro, que no aceptó un no por respuesta, etc. Conozco muchas más: Coronel Sanders (KFC), Steve Jobs, Bill Gates, Carlos Slim (en realidad sobre este personaje no se ha escrito gran cosa porque muy inspirador no resulta), Soichiro Honda, Gillette, Marcel Bic, Bezos, Elon Musk, y muchos más.

Pensamos en estas personas como una fuente de inspiración para que esta inspiración guíe nuestros pasos a conseguir si no lo mismo, algo cercano. Y, a mi parecer, esto es un error.

¿Que por qué es un error? Me agrada que preguntes y te contesto de inmediato, pero antes, definamos la palabra “éxito”.

Según el diccionario, éxito es “Resultado o acción feliz de una empresa o acción emprendida”. Esta es una definición tan imprecisa como la misma palabra que tratamos de definir. Es como decir que bello es lo que es bonito y bonito es lo que es bello.

Lo que está claro es que éxito y logro de algo van unidos. Se tiene éxito cuando se consigue algo deseado o planeado. Si no se consigue entonces se puede decir que no tienes éxito, por lo menos en relación a eso que no se ha conseguido.

Otras personas que conozco definen éxito como “Realización o logro progresivo de metas valiosas”.

Y aquí es donde entra el por qué llamo error a utilizar las biografías de estas personas notoriamente famosas como inspiración. Por la simple y sencilla razón de que son imposibles de duplicar y, aunque duela reconocerlo, al estudiarlas pretendemos duplicarlas.

La mayoría de estos “visionarios” no tienen ni idea de por qué llegaron donde llegaron. Es más, pocos pensaron que llegarían tan lejos. De hecho, nadie sabe cómo lograron lo que lograron. Solo creyendo en la reencarnación se puede explicar el éxito brutal de muchos de estos personajes. Vamos, que lo trabajaron en una vida pasada y recibieron el premio en esta.

Algunos proceden de ambientes y entornos verdaderamente deprimentes, circunstancias que, debo reconocer, yo mismo no las he vivido ni he estado cerca de vivirlas.

Acepto que puede parecer que no acepto la inspiración de estas personas en un alud de negatividad que me arrastra en este momento. Pero no es el caso. Me parece sensacionalmente inspirador la forma en que se enfrentaron a sus circunstancias pero no lo que lograron.

No quiero ser negativo sino preciso: Bill Gates solo hay uno y Steve Jobs solo hubo uno. No importa lo que hagas, las probabilidades están en tu contra para tratar de ser uno de ellos, de ese grupo que trascendió totalmente los problemas económicos en sus vidas a estos niveles estratosféricos. Usarlos de inspiración en términos de logros no solamente atenta contra tu autoestima, deprime. Es como ver revistas de sociedad y compararse con los actores, actrices y demás personajes del jetset.

Ver es comparar. Reconozco que yo también usé muchas de estas historias en mis seminarios y leí muchas de estas biografías, pero hoy en día busco inspiración en mi vida cotidiana, y en el aquí y en el ahora.

Y, por sorprendente que te pueda parecer, la inspiración se encuentra a la vuelta de la esquina del siguiente momento, justo al lado de la felicidad. Y, tal vez, puedas empezar a sentirte exitoso cada vez que alguien te diga buenos días o se sienta a gusto con tu presencia. Y si esto te pareciera insuficiente o inaceptable, tal vez encuentres más adecuada la definición de éxito de Emerson que puedes encontrar en este enlace. Yo, con que hayas llegado hasta aquí en la lectura de este artículo, me siento exitoso. Gracias.