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Lo que somos hoy proviene de nuestros pensamientos de ayer, y nuestros pensamientos actuales construyen nuestra vida de mañana: Nuestra vida es la creación de nuestra mente”. Buda.

Vivimos en un momento de nuestras vidas personales y colectivas en el que se ponen a prueba muchas cosas. O se pudieran poner a prueba, porque, tal vez, muchas personas decidan simplemente enterrar la cabeza en la tierra como los avestruces, y esperar a que alguien más nos solucione la vida.

Conversando con un amigo la semana pasada me hacía ver cómo sus circunstancias y sus expectativas de futuro, negativas, por cierto, lo llevaban irremediablemente a momentos todavía más complicados que sus momentos actuales.

La frase que usó y que me hizo pensar en este artículo fue: “Me veo a mi mismo pasando hambre en unos meses”. ¡Ajá!

“Te pillé”, pensé. Pero como no quise hacer sentir mal a este conocido criticándolo sin piedad por lo que acababa de decir, prefiero escribirlo en este artículo que asumo no leerá. Y si lo hace, ojalá me perdone y siga siendo mi conocido (estoy seguro de que así será).

Verás, todos (a lo mejor todos son muchos) conocemos el poder de la visualización. Yo personalmente la he estudiado por años, no solo en su carácter esotérico sino en el neurológico por el impacto que tiene sobre nuestra percepción.

Percibimos conscientemente, no parece que esto que voy a afirmar esté sometido a discusión porque está bastante probado, un muy pequeño porcentaje de la realidad que nos rodea, de la información a la que estamos expuestos. Tiene sentido porque nuestros cerebros no tienen capacidad para sintetizar la enorme cantidad de estímulos que forman parte de la experiencia humana por lo que necesita algún filtro para poder quedarse con ciertos estímulos y desechar el resto.

Sin entrar en mucho detalle, los criterios principales que usamos para establecer qué percibimos y qué no, son los siguientes, aunque seguro que no los únicos:

  1. Nuestras creencias.
  2. Nuestras referencias o experiencias de vida propia o de otras personas (referencias de terceros).
  3. Nuestras referencias internas fruto de nuestras visualizaciones.
  4. Nuestro sistema de valores, aleatoriamente escogido en la mayoría de los casos porque no sabemos que se pueden y se deben de adaptar a nuestras metas personales.
  5. Nuestro lenguaje, tanto las palabras que lo forman como las construcciones lingüísticas más frecuentes que usamos.
  6. Los estados emocionales a los que nos hemos ido habituando tanto neurológica como químicamente y que pueden y deben de ser gestionados para alcanzar las metas que nos proponemos con mayor facilidad y menos esfuerzo.
  7. Los objetivos que nos establecemos y hacia los que deseamos dirigirnos.

Todos estos criterios o “filtros perceptuales” determinan que elementos de la realidad atraviesan la frontera de mi conciencia y cuáles permanecen en la más absoluta ignorancia. En algunos casos sabemos que estos elementos existen, pero no los hemos percibido; en la mayoría de los casos, no sabemos que no sabemos.

Y en concreto, el criterio o filtro perceptual número 3, las referencias internas, es el que mi conocido estaba manejando tan mal como un orangután manejaría un taladro de dientes de un dentista.

Nuestras mentes subconscientes no tienen sentido del humor, no juegan bromas y no pueden distinguir la realidad de un pensamiento o una imagen imaginada. Lo que continuamente pensamos eventualmente se manifestará en nuestras vidas. Robert Collier

Cuando imaginamos (visualizamos) un futuro cercano muy negativo, aunque sea basado en criterios muy lógicos, estamos profetizando no previniendo. Te acabas de convertir en Nostradamus, pero de tu vida.

Una bola de cristal puede ser de ayuda…

Al estar mi conocido, o yo mismo, visualizándose, pasando hambre en un futuro cercano, está contribuyendo a que esta experiencia sea una realidad. Se trata de una profecía autocumplida de manual.

Lo correcto, desde el punto de vista de la visualización y su poder es prevenir el futuro que lógica y probablemente pudiera suceder y visualizarte únicamente superándolo, jamás sucumbiendo ante lo inevitable. Necesitas convertirte de profeta a estratega.

Por cierto, la habilidad de visualizarse a futuro positivamente es una habilidad fundamental de las personas que dominan la resiliencia

De momento, yo ya me imaginé a mi conocido realizando esta transformación y lo veo como todo un estratega de su futuro brillante. Ahora solo hace falta que lo haga él.

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