Existe un fenómeno de conducta que se da cuando el ser humano se encuentra en una colectividad o grupo. Yo lo llamo el efecto lupa. Si el grupo desarrolla tendencias virtuosas tales como la compasión, la empatía o el altruismo, el efecto lupa significa que las tendencias personales en esas virtudes se hacen más intensas cuando se expresan con el grupo.

Pero el efecto lupa funciona también cuando en lugar de virtudes hablamos de vicios. Si el grupo desarrolla conductas agresivas, indolentes, abusivas, las tendencias individuales se magnifican al integrarnos a un grupo. Es decir que, si tengo alguna tendencia agresiva en mi conducta, en grupo se me multiplica, se me intensifica.

Recibo con estupor y vergüenza estos días las noticias de que

hombres en grupo, en la actualidad denominados manadas por su conducta animal, abusan y agreden sexualmente a una mujer, en ocasiones menor de edad.

Más allá de la cobertura mediática que le proporciona la televisión y la prensa, inaceptable en ocasiones porque muestra dimensiones de la situación totalmente manipuladas y deformadas, la realidad es que las relaciones entre hombres y mujeres han cambiado.

Como sociedad hemos pasado en unos cientos de años de matrimonios concertados en los que la mujer era objeto de cambio, a una sociedad encomiable y deseablemente igualitaria. Aunque todavía queda camino por recorrer, el avance es innegable y hay que celebrarlo. Y una de las mejores maneras de seguir fortaleciendo la igualdad es el dominio de la Inteligencia Emocional.

El efecto Lupa

La conducta se magnifica

El efecto lupa aplicado a este concepto nos dice que una manada de abusadores sexuales si individualmente carecían de Inteligencia Emocional, en grupo se comportarán como retrasados emocionales, con un coeficiente emocional negativo.

Tampoco creo que sean muy brillantes intelectualmente, pero a diferencia del intelecto, la buena noticia acerca de la Inteligencia Emocional es que se puede entrenar y desarrollar con programas de formación. Muchos cursos hoy en día están diseñados para informar a la gente acerca de la Inteligencia Emocional. Otros, por el contrario, están pensados para integrarla en la conducta de los participantes y ayudarles a desarrollarla de forma sostenida.

Y una de las características más interesante e importante de la Inteligencia Emocional es la Autoregulación, es decir, el control de los impulsos negativos o inadecuados a voluntad. Bajo la perspectiva del funcionamiento de la Autoregulación, la conducta de estas execrables manadas se puede explicar como que las neuronas ejecutivas inhibitorias del córtex prefrontal tienen una deficiencia en su proceso inhibitorio, por lo que la amígdala, esa glándula traviesa de nuestro sistema límbico que se encuentra en la base del hipotálamo, no tiene quien le diga como comportarse decentemente.

Pero en un lenguaje menos técnico, la falta de Autoregulación es lo que más nos acercaría a una conducta animal. Nos aleja de la acción meditada y socialmente aceptable a una respuesta puramente basada en instinto. En el caso de una agresión sexual se trata lamentablemente del instinto de reproducción el cual, en el reino animal, se activa en la presencia de ciertos estímulos tales como ropa sugestiva o gestos provocativos, según los interprete así el animal en cuestión.

Si a todo esto le añadimos el consumo de alcohol o de otras sustancias estimulantes de la estupidez tales como cocaína, éxtasis, cristal, etc., tenemos entonces a un animal drogado y fuera de sí.

Y la Inteligencia Emocional se vuelve, si cabe, más importante cuando los que entendemos de conducta humana sabemos que el tamaño de las penas de prisión impuestas a los culpables detenidos no son en nada efectivas para disuadir la conducta agresiva. Al momento de estar bajo el influjo de la amígdala y del instinto sexual, el intelecto está fulminado, no existe, es irrelevante. Nadie en ese momento tiene un sistema nervioso capaz de razonar, pensar en los años de cárcel que le esperan y controlar en consecuencia su conducta.

Lo mismo sucede con cualquier otro delito al que, de manera rutinaria, se les suben las penas de cárcel con la intención de disuadir a los delincuentes. El Chapo Guzmán lleva ya varios años detenido en Estados Unidos y el tráfico de drogas y la violencia no han hecho más que subir en México. Dudo mucho que la condena a cadena perpetua que le acaban de imponer, y otros 30 años más por si resucita, sirva de lección a los futuros o actuales delincuentes.

Dado el cambio actual y por venir de las relaciones humanas entre hombre y mujer, es preciso enseñar a ambos sexos a autorregular su conducta, no solamente a los hombres, pero especialmente a este género. Cualquier relación sexual casual puede ser convertida por la mujer en una agresión sexual por lo que lo único recomendable es tener relaciones sexuales maduras, meditadas, basadas en el amor o en una atracción significativamente especial, con personas en las que se confía y a quienes se les estima con cierto nivel de profundidad.

Si piensas como yo y para ti el sexo es un acto sagrado, espiritual y profundamente humano y te alejas de lo banal, casual o superficial en este sentido, entonces la Autorregulación es algo que debes aprender y enseñar a tus hijos o hijas.

Autorregularse no es nada complicado ni requiere de un doctorado en psiquiatría o psicología. Además, tampoco requiere de ingerir sustancias que estimulen el funcionamiento de las neuronas ejecutivas del córtex prefrontal.

Si sabes hablar, utilizas el poder de tu mente para realizar cambios en tus representaciones internas y aprendes a usar tu fisiología (tu cuerpo) entonces aprenderás a autorregularte sin problema y con maestría. Encontrarás que la frase de Jim Rohn “toda disciplina tiene múltiples recompensas” se aplicará intensamente en tu vida y comprenderás su significado. Cuando te haces bueno o buena en algo, otras áreas de tu vida mejoran al mismo tiempo.

La Inteligencia Emocional nació como una respuesta a la pregunta “¿En qué consiste la excelencia personal en el ámbito profesional y laboral?”. Sin embargo, hoy en día, la Inteligencia Emocional es importante no solamente para desempeñarnos mejor en el trabajo y tener éxito, es también imprescindible para lograr una vida equilibradamente sana y feliz.